Empresa Constantini, oficina de Emilia.
Emilia se encuentra muy concentrada leyendo contratos, firmando papeles, y anotando cosas, todo está en silencio. De repente alguien toca la puerta.
EMILIA: “Adelante, pase.”
Un hombre alto, de tez blanca y cabello ondulado entra muy
serio a la oficina, trata de no mirar directamente a los ojos a Emilia.
EMILIA: “Siéntate Pablo, necesito que hablemos.”
PABLO: “Señorita Emilia, yo no sé qué necesite hablar
conmigo pero…” (Emilia interrumpe).
EMILIA: “Yo creo que si lo sabes, y por eso estás tan
nervioso.”
Pablo levanta la vista. Emilia continúa hablando.
EMILIA: “Mira Pablo, yo no pretendo darte un sermón, solo
necesito que me digas la verdad, porque muchas cosas dependen de esa verdad.
¿Entiendes?”
PABLO: “No tengo nada que decir señorita, no se a qué se
refiere.”
EMILIA: “Está bien, te lo voy a preguntar directamente, y
piensa muy bien lo que me vas a responder.”
Pablo vuelve a bajar la mirada.
EMILIA: ¿Qué tipo de relación tienes con mi hermana
Victoria?
Pablo no levanta la vista y tartamudea.
PABLO: “La señorita Victoria solo es mi jefa, soy uno más de
los tantos trabajadores de la empresa.”
EMILIA: “Ningún trabajador llama a su jefa a altas horas de
la noche con tanta insistencia Pablo. Te pedí que no me mientas.”
PABLO: “Teníamos algunos asuntos pendientes, unas cajas que
olvidé entregar y…”
EMILIA: “¡Ya basta Pablo!” (grita enfurecida). “Intenté que
hablemos bien y por las buenas, pero insistes en mentirme.”
PABLO: “¿Usted quiere que le diga qué tengo algo con su
hermana? Porque si es así, lamento decirle que esas palabras nunca van a salir
de mi boca, yo necesito este empleo, pero si me quiere correr…”
EMILIA: “No te voy a correr, vete.”
Pablo no la contradice ni insiste en explicar nada más, se
apresura a salir de la oficina.
Emilia se toma la cabeza con frustración, y muchas preguntas
aparecen en su mente: “¿Estaré viendo cosas donde no las hay solo para
justificar lo mío con Andrés?” “¿Será Pablo quien acosa a Victoria y ella lo
rechaza?” – Llena de culpa y de dudas, Emilia sale de la oficina, sin saber siquiera
a donde se dirige, pero camino a la salida de la empresa, se encuentra con
Victoria.
VICTORIA: “Hola Emi ¿Sigues de malas?”
EMILIA: “Buenos días, hasta que llegas.”
VICTORIA: “Perdón, no te enojes, es que esto de la boda me
tiene vuelta loca, el vestido, los últimos detalles de…” (Emilia interrumpe).
EMILIA: “Ok ya entendí. Me tengo que ir.”
VICTORIA: “¿Por qué estas así conmigo? Ya dímelo de una vez
Emilia.”
EMILIA: “No… Perdón Vicky, no es contigo, estoy muy
nerviosa, ya se me va a pasar, tu ocúpate de tus cosas.”
Victoria intenta responder, pero Emilia se va tan rápido que
no le da tiempo a decir una sola palabra.
Departamento de Andrés.
Él está listo para salir, toma un
abrigo y las llaves, pero cuando abre la puerta, se encuentra con Emilia.
ANDRÉS: “¿Emilia? ¿Qué haces aquí?”
Emilia sin decir nada, entra al departamento, cierra la
puerta, apoya su bolsa sobre el enorme sillón. Andrés la mira muy sorprendido,
y cuando abre la boca para hablar, ella se acerca y lo besa apasionadamente. Ya
no había mucho que decir, todo ocurría muy natural. Los dos se dejaron llevar
por el deseo, las únicas palabras que salían de sus bocas eran “Te amo”, ya no
existía nada ni nadie que los separara, se amaron sin miedo y sin culpas. Sus
teléfonos sonaban sin parar, pero ninguno de los dos reparó en ello. El fuego
del amor de adueño por completo de sus almas y de sus cuerpos, hasta que se
quedaron dormidos, abrazados, unidos.
Centro de la ciudad de Miami.
El auto de Victoria
estacionado frente a la Iglesia. A ella se la nota muy enojada y alterada,
intenta concretar una llamada, pero después de varios intentos se cansa y
arroja su teléfono. De repente alguien sube al auto, del lado del acompañante.
PABLO: “¿Te dejó plantada?”
VICTORIA “¿Qué demonios haces aquí?” (responde muy
alterada).
PABLO: “¿No ha venido?”
VICTORIA: “No es algo que te importe ¡Vete de aquí! ¿Cómo te
atreves a….?” (Pablo interrumpe).
PABLO: “Me atrevo porque me importas, porque yo si te
valoro, no como ese fresita hijo de papi que lo único que quiere es…”
VICTORIA: “¡Ya basta! No te atrevas a hablar así de Andrés,
respétalo.” (vuelve a gritar).
PABLO: “Está bien me callo, pero déjame conducir a mí, tú
estás muy nerviosa.”
VICTORIA: “Claro que no ¿Estás loco? Vete, bájate, no te
quiero cerca.”
PABLO: “Victoria, no me voy a ir, o te bajas y me dejas
conducir, o pasamos aquí toda la tarde, corriendo el riesgo de que te querido
prometido recuerde que existes, venga y nos vea.”
Victoria lo mira con furia, pero no dice nada. Se baja del
auto de mala gana, Pablo también, e intercambian lugares.
PABLO: “Muy bien, vamos.” (Dice con una sonrisa muy pícara).
VICTORIA: “Llévame a mi casa, no pienso volver a la oficina
para que Emilia me vuelva a regañar, no estoy de humor.”
Pablo pone en marcha el coche. Ninguno de los dos habla en
todo el camino. Hasta que Victoria comienza a observar por donde están yendo.
VICTORIA: “¿Qué es este lugar? ¡Conozco perfectamente el
camino a mi casa!”
PABLO: “Tu tranquila y yo nervioso mi reina.”
VICTORIA: “¡Para, para ya mismo!”
PABLO: “Claro, estamos llegando.”
Pablo frena el auto, los dos bajan apresurados, Victoria
intenta volver a subirse, pero del lado del conductor, pero Pablo la toma del
brazo.
VICTORIA: “¡Suéltame!” (de la da una cachetada).
PABLO: “¡No te voy a soltar, y baja la voz si no quieres
hacer un escándalo!”
Comienza a caminar, se lleva a Victoria de la mano, ella lo
mira con rabia, pero no se resiste, evidentemente le preocupaba demasiado lo
que la gente iba a pensar si la reconocía. ¿Cómo una señorita de sociedad,
heredera de un imperio, iba a estar relacionada con un simple empleado a dos
días de casarse?
Departamento de Andrés.
Emilia y Andrés dormían abrazados,
relajados, lejos de la realidad que les esperaba. De repente ella despierta, lo
acaricia muy despacio, lo mira con tanto amor que duele, lo besa muy despacio,
con cuidado de despertarlo. Se levanta de la cama y comienza a vestirse, sin
hacer ruido. Andrés se acomoda y sigue durmiendo.
EMILIA: “Te amo tanto” dice entre susurros.
Sigue vistiéndose y se va. Andrés sigue profundamente
dormido.
Departamento de Pablo.
VICTORIA: “¿Qué pretendes trayéndome aquí? Estás muy
equivocado si crees que entre tu y yo va a volver a pasar algo.”
PABLO: “No, no estoy equivocado, yo sé que me deseas, que me
amas…”
VICTORIA: “¡Ay por favor! No seas iluso Pablo por favor, el
deseo y el amor son cosas distintas. No puedes amar sin desear, pero si es
posible desear a alguien sin amarlo. Eso es lo que me pasa contigo.”
PABLO: “No te creo nada.” (se acerca e intenta besarla).
VICTORIA: “Ese es tu problema, no mío. ¡Déjame ir!”
PABLO: “No.” (la besa a la fuerza).
Al principio Victoria se resiste, pero finalmente cede a los
apasionados besos de Pablo.
PABLO: “Tú te podrás casar con él, tener muchos hijos, pero
siempre vas a pensar en mi.” (la sigue besando).
Victoria y Pablo se dejan llevar por la pasión, entre ellos
existe una extraña mezcla de pasión, confusión, y hasta quizá un poco de amor.
Mansión Constantini, habitación de Emilia.
Emilia se encuentra
sentada en su cama, con un papel y una pluma en la mano. Respira profundo, con
lágrimas en los ojos. Cuando por fin se decide a escribir, suena su teléfono.
Lo mira, y lo vuelve a apoyar en la cama. El teléfono vuelve a sonar, pero esta
vez lo ignora, vuelve a respirar profundo, se seca las lágrimas y comienza a
escribir.
Departamento de Andrés.
Andrés se encuentra muy nervioso, caminando en círculos.
ANDRÉS: “¡Ninguna de las dos responde!” (grita)
De repente suena el timbre. Se apresura a abrir la puerta.
ANDRÉS: “¿Qué haces aquí?”
SR MAIDANA: “¿Esperabas a alguien más?”
ANDRÉS: “A cualquiera menos a ti papá ¿A qué se debe tu
visita? A ti no te gusta venir aquí.”
SR MAIDANA: “Quiero saber cómo te fue en la reunión
prenupcial con Victoria.”
ANDRÉS: “Muy bien, me fue muy bien.”
SR MAIDANA: “¿Será posible que algún día dejes de
comportarte cómo un idiota? ¡Se perfectamente que ni tu ni Victoria se
presentaron! Me lo dijo el padre Ignacio.”
ANDRÉS: “Papá ¡Ya deja de meterme en mi vida! Mis temas con
Victoria son míos, solo míos y de ella.”
SR MAIDANA: “Y de Emilia, porque seguro estabas con ella
¿Verdad?”
ANDRÉS: “¡Ya basta! No metas a Emilia en esto, ella no tiene
nada que ver con…”
SR MAIDANA: “¡Cállate!” (interrumpe) “¡Ella tiene todo que
ver!” (continúa).
Andrés intenta hablar, pero su padre vuelve a gritar.
SR MAIDANA: “¿Cómo te pudiste fijar en la hermana de tu
novia? No se qué tienes en la cabeza, tu no piensas.”
ANDRÉS: “El amor no se piensa, solo pasa…”
SR MAIDANA: “¡Cállate!” (vuelve a gritar y lo golpea).
ANDRÉS: “¡Grita papá, golpéame, haz lo que quieras! ¿Pero
sabes qué? ¡Amo a Emilia, y la voy a amar siempre!”
SR MAIDANA: “Eres un imbécil, no entiendes nada Andrés.”
ANDRÉS: “Eres tú el que no entiende nada papá, me duele
muchísimo no cumplir tu maldito mandato, me duele poner a mi madre en esta
situación, me duele lastimar a Victoria con mentiras, porque no lo merece, y
sobre todo me duele tener que amar a Emilia en silencio, como si fuéramos
delincuentes.”
SR MAIDANA: “Me das vergüenza.”
Andrés no dice nada, agacha la cabeza.
SR MAIDANA: “Mas te vale que te cases con Victoria, porque
si no lo haces, tampoco lo harás con Emilia.”
ANDRÉS: “¿Qué te hace pensar que no?”
SR MAIDANA: “¡Que son hermanas idiota! Victoria jamás se lo
va a perdonar ¿Crees que Emilia es ese tipo de mujer que puede vivir sabiendo
que su queridísima hermana la odio? Claro que no, Emilia es una pobre mujer,
débil y sumisa como lo fue su padre.”
ANDRÉS: “¡Basta! No te quiero escuchar más ¡Vete!”
El señor Maidana se va sin decir nada mas. Andrés comienza a
arrojar todo lo que encuentra a su paso.
Departamento de Pablo.
Victoria se encuentra sentada en la
cama, Pablo duerme.
VICTORIA: “¿Qué hice?” (piensa en voz alta).
Comienza a llorar horrorizada, se levanta de la cama con
desesperación. Pablo se despierta.
PABLO: “¿Estás bien?”
VICTORIA: “¡Claro que no estoy bien!” (llora con mas
angustia).
PABLO: “Mi amor…”
VICTORIA: “¡Yo no soy tu amor!” (grita desesperada). “Dejame
en paz ¡Te odio!”
Victoria comienza a vestirse rápidamente. Pablo intenta
tranquilizarla, pero ella lo aleja.
PABLO: “No te puedes ir así, tranquilízate Victoria.”
Victoria no le responde, termina de vestirse, toma su
cartera y las llaves del auto. Sale muy alterada. Pablo comienza a vestirse
rápido para seguirla.
Victoria sale muy nerviosa del edificio, sube al auto y lo
pone en marcha justo cuando Pablo se asoma a la calle, ya no podía detenerla.
A unas cuadras del departamento de Pablo, Victoria intenta
girar, y se topa de frente con un camión, intenta maniobrar, pero pierde el
control del auto.
Mansión Constantini, living.
Emilia baja las escaleras, la Sra
Constantini se encuentra sentada en el living leyendo.
SRA CONSTANTINI: “Emi, no sabía que habías llegado ¿Todo
bien?”
EMILIA: “Si mamá, pero tenemos que hablar.” (Emilia se
sienta junto a su madre).
SRA CONSTANTINI: “¿Paso algo en la empresa?”
EMILIA: “No, se trata de mí, lo que pasa es que…” (el sonido
del timbre interrumpe).
Una de las empleadas abre la puerta, era Andrés. La señora
Constantini se levanta muy contenta a saludarlo, Emilia se queda inmóvil.
SRA CONSTANTINI: “¿Cómo estás Andrés? ¿Vicky no vino
contigo?”
Andrés no puede evitar mirar a Emilia, pero ella lo
esquiva.
SRA CONTANTINI: “¿Andrés me escuchas?”
ANDRÉS: “Si, perdón. A eso vine, a hablar con Vicky ¿No ha
llegado?”
SRA CONTANTINI: “No, creí que estaban juntos.”
Cuando Andrés estaba a punto de explicar por qué no había
llegado con Victoria, suena el teléfono.
EMILIA: “Yo contesto.”
Se levanta rápido, cualquier excusa era buena para evitar a
Andrés.
EMILIA: “¿Bueno? Si, es aquí.”
SRA CONTANTINI: “¿Quién es?”
EMILIA: “No puede ser.” (Se pone pálida).
ANDRÉS: “¿Qué pasa?”
EMILIA: “¡Vamos para allá!”
Emilia corta el teléfono, su madre y Andrés la miran con
nervios y desesperación. Emilia rompe en llanto.
EMILIA: “Vicky tuvo un accidente y está muy mal.”